Informar o molestar (la estrategia del Séptimo de Caballería).

periodistas vendedores

Partamos de la premisa de que a nadie le interesa lo que tienes que decirle. Asúmelo ahora porque es primordial.

Si además eso tan importante que tienes que decirles va a ir en forma de spot en medio de su serie favorita, como pop-up mientras leen la crónica de la victoria de su equipo o en forma de cuña interrumpiendo las glorias musicales de los ochenta, estás al filo de que además de no interesarles les estés molestando. Y recuerda que estás pagando por salir ahí y lo que está en juego son tus ventas y la reputación de tu marca. Así que pocas bromas.

Cada día un ciudadano medio recibe unos 3000 impactos publicitarios:

TV, webs, periódicos, revistas, redes sociales, radios, marquesinas, escaparates, autobuses, supermercados… Estamos saturados de mensajes y para destacar la publicidad se ha vuelto cada vez más intrusiva. Que te vean aunque no quieran hacerlo.

Un ejemplo muy significativo de cómo algunas marcas se empeñan en escupirnos desde su atril es el de Guillete y Orange en Deportes Cuatro y Telecinco Deportes. Misma hora, mismo temática, mismo target. Están apunto de contarte la última súper noticia, la que llevan anunciando a bombo y platillo todo el programa y, justo antes, las marcas han comprado 2 minutos de publicidad, que además te la va “recomendar” tu presentador de cabecera, y tienen que aprovechar para decir muchas cosas interesantes, que en la tele el tiempo es oro.

Cuando Manolo Carreño o JJ Santos empiezan la telepromoción, que así es como le llaman, les escuchas con atención no vaya a ser que te pierdas la súper noticia del día. Tras un rato de suavidad en tu cara y descargas mega veloces recuerdas el email ese que tenías que mandar, pero vuelves que te pierdes la noticia, la maquinilla que más apura, y tienes que ir a comprar pasta de dientes, y la exclusiva fibra óptica de red propia, ¿a qué hora es el médico mañana?, ahora en pack de 6 cuchillas extra finas, no he llamado a mi madre, para un apurado más perfecto con 20 megas de regalo.

“¿Qué carajo estaba viendo? ¿Se ha terminado ya? ¿Por qué este tío me está describiendo ese producto como si fuera a invertir 1 millón de euros en él? ¿Y cuánto tiempo lleva hablando que lo mismo llego tarde al trabajo?”

En ese momento cambias de canal asqueado con los anunciantes, acusando de bribón al presentador que te ha engañado con su hábito de periodista y deseando que te suban el sueldo para pasarte a la televisión de pago.

Pero la gente se defiende. Lo que es malo para todas las marcas. El mejor ejemplo son los adbloklers. Muchos creen que son un problema pero, en realidad, son un síntoma. La confirmación de que la gente está harta de que les molesten mientras hacen sus cosas. Mientras viven.

A muchas marcas no les importa la gente, les importa el yo. Y ahí van con el yo, yo, yo a todas partes. Pero tienen que poner su mensaje en la calle, no queda otra, y no se dan cuenta de que tienen que adoptar otra estrategia: el tú, tú, tú, tú, tú, túúúúúúúú. Como el Séptimo de Caballería. Centrarse en lo que le interesa al consumidor y dárselo de una forma que le interese, que le entretenga y que no le haga perder mucho tiempo. Pensar y actuar por y para él. Ser creativos para destacar, para gustar, para que se fijen en ti, para que te deseen, que es tu verdadero objetivo.

No se puede abordar a la gente por sorpresa y meterles el mensaje con vaselina. No les gusta, se van a quejar y te van a echar la culpa a ti y a tu marca. Y recuerda, estás pagando por ello.

 

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